Lina y Liliana llegaron a El Buen Pastor y se encontraron con mujeres cuyas historias iban mucho más allá de una condena. Escucharon, conocieron sus vidas y descubrieron una comunidad llena de preguntas, capacidades, heridas, sueños, fe y ganas de seguir adelante.
Y se enamoraron de ellas.
No de una idea sobre ellas. De conocerlas. De escucharlas. De compartir con ellas. De descubrir todo lo que existe detrás de una historia que muchas veces la sociedad reduce a una palabra: presa.
“Cuando las conocimos, dejamos de ver una cárcel y empezamos a ver personas, historias y vidas que Dios también estaba tocando.”

“No sentíamos que teníamos que llegar a enseñarles cómo vivir. Sentíamos que teníamos que caminar con ellas y descubrir juntas todo lo que Dios podía hacer.”
Así comenzó a tomar forma Dios Tras Las Rejas. Una obra que entiende que la libertad puede comenzar mucho antes de que una puerta se abra: cuando una mujer vuelve a reconocer su identidad, descubre propósito, recupera capacidades, fortalece sus vínculos y empieza a imaginar nuevamente su futuro.
Desde entonces, el trabajo ha crecido alrededor de una convicción: estar presentes. Acompañar. Escuchar. Formar. Restaurar. Caminar juntas.
Porque detrás de las rejas sigue habiendo vida. Y allí también está Dios.


